lunes, 9 de abril de 2007

Adiós a la cultura… Carta abierta a Sergio Vela

Estimado Sergio,

Quizá le parezca atrevido que le llame por su nombre, sin anteponerle cargos o títulos ¬–¬académicos, nobiliarios, honoríficos¬–, como si lo conociera, pero es que los formalismos me aprietan tanto como las corbatas. Le escribo, eso sí, con respeto, para pedirle que recapacite y recapitule antes de continuar por el mismo camino de oscuridad que siguió su antecesora, la señora presidenta, que no supo, no pudo, no quiso, no entendió o alcanzó a ver lo importante que era (es) corregir la nave que sirve de punta a eso que llamamos “la cultura nacional”.

No le pedimos –hablo por mí y por mi sombra que cuelga del perchero mientras le escribo esta carta–, no le demandamos nada fuera de sus posibilidades, de su alcance. Tan sólo le recomendamos que en su plan de trabajo de seis años, fije sus prioridades de otro modo, anteponiendo a las personas, a los colaboradores que por años han entregado su vida a la cultura en México y hoy tienen que tomar la calle para que alguien los escuche, los mire, los atienda.

Le sugerimos –siempre atentamente, desde la primera persona del plural– que no piense en las instituciones como si se tratara de inmuebles, ni a la cultura como un “patrimonio” al cual hay que resguardar y proteger del polvo como si se tratara de equipo de cómputo o de archiveros y cajoneras, propensas al deterioro, la depreciación y el devalúo incesante.

No señor, sabemos de sobra –y esta vez me refiero a todos nosotros, los nombres propios, reales y ficticios con que hemos firmado nuestras notas en los últimos años– que usted sabe que todos nosotros sabemos, que usted sabe muchas cosas sobre el aparato cultural que hoy dirige, pues ha estado adscrito a él desde hace años, sumando sus conocimientos y experiencias y dejando pasar, a su pesar seguramente, infinidad de pequeñas atrocidades que hoy tiene en sus manos evitar.

En fin, sirvan estas líneas poco tersas, torpes y atropelladas, para pedirle del modo menos atrevido que se asome por la ventana de su despacho y entienda que el lado oscuro de la fuerza ya está aquí, y el mecanismo que usted tiene a bien dirigir puede levantar el vuelo y dejar de ser un elefante blanco (de yeso de tercera) y convertirse en una referencia, un puntal para acicatear a todas las fuerzas públicas y privadas, individuales y colectivas, lícitas e ilícitas, que hoy quieren un México nada más para ellos. Qué bien le pintarían las cosas si tuviera de su lado a las fuerzas creadoras de este país (y con ellos a las de otras latitudes), a los académicos y a los científicos.

¿Se imagina rodeado, seguido y apoyado por todos esos artistas y famosos del medio cultural, enviando inciativas de ley y proyectos de alcance trascendental? En los últimos años he aprendido –y esta vez hablo solo, desde la primera persona de mi singular persona–, que un solo traidor puede con mil poetas, pintores, fotógrafos, bailarines o arquitectos (por decir los menos). No se juegue su reputación por quienes se irán como llegaron, por la puerta trasera, mejor juéguesela por quienes siguen siendo el pilar de esa institución que hoy encabeza.

Le dejamos –mi sombra y yo, inclinados sobre la silla que nos sostiene al terminar estas líneas–, un cordial saludo, en espera de que la cordura, la inteligencia y la visión de futuro se antepongan a su cargo.

QUE CONFIANCITAS…

Ser trabajador de confianza, en otras épocas, significaba tener ciertos privilegios, ciertas encomiendas derivadas de responsabilidades no estipuladas en los contratos colectivos: estrategas, asesores, gurús y demás rémoras del aparato, ganaban mucho más que la gente de base, recibían prestaciones más allá de lo imaginable y protección médica fuera del alcance de las mayorías.

Ser de confianza era estar adentro del círculo de beneficios del poder sin las ataduras de la burocracia. Hoy ser “un trabajador de confianza” es vivir en el filo del eufemismo. No se tiene mejor sueldo, ni más prestaciones, ni protección ni seguridad de nada, es más bien trabajar “sin confianza”. Hoy son miles y los llaman eventuales, con todo lo que ello significa.

Los hay, sin embargo, que viven con la confianza suficiente por seguir siendo “el preferido del profesor”, o de la profesora, y estar en una categoría de lapas gracias a sus relaciones, pero no es de esos de quienes hablo ahora, sino de aquellos promotores, investigadores, artistas y trabajadores del sector cultural que llevan 5, 10, 15 años dejando todo lo que tienen y saben al servicio de la gente, del sector y de las instituciones que hoy los tratan como arrimados, y que si no les gusta pues ahí está la PFP, la AFI, la PGR, la SIEDO, el CISEN y la Policía Militar si es necesario probar que aquí no pasa nada de nada y todo está requetebién. Y para muestra un botón, la PFP resguardando al CNCA.

Los “quejosos”, o sea los trabajadores que piden lo justo pero son identificados como “remilgosos”, “revoltosos”, “insidiosos” y “alborotadores”, sólo piden (y seguirán pidiendo) reunirse con Sergio Vela, para –de acuerdo a la nota de Jesús Alejo publicada en Milenio el martes 3 de abril pasado– “presentarle un pliego petitorio, sin embargo, el funcionario espera que la solución a sus problemas se dé a través de las instancias correspondientes, es decir la dirección General de Asuntos Laborales del Consejo”, o lo que es igual, ¿y yo por qué?

Sergio Vela debe entender que está en un puesto político y ejerce un poder político dentro del sector público. Soluciones políticas a problemas administrativos suelen tener malos resultados, salvo cuando los “problemas administrativos” son producto de malas decisiones administrativas y políticas anteriores, que hoy son su responsabilidad.

Vela tiene en sus manos la posibilidad de entrar a la solución de fondo de un aparato cultural monstruoso, parchado, mal conducido y destruido por los políticos y los administradores. Su cultura, su conocimiento y su experiencia deben decirle que si deja a los departamentos jurídicos y administrativos la solución de problemas con personas, el caso escalará y se irá sumando la comunidad cultural, pese a los miedos a que las becas se acaben o se repartan sin pensar en ellos.

“Para presionar –señala Sergio Vela en la misma nota de Jesús Alejo–, ese grupo impidió durante tres días el acceso a las oficinas de Paseo de la Reforma, donde se encuentra un buen número de direcciones generales del consejo. De una manera prudente y frente a la amenaza de tomar otras instalaciones, como la presidencia del Conaculta y de la Biblioteca Vasconcelos, se solicitó la presencia de la PFP”.

En otras palabras, se cumple el pronóstico que dábamos hace algunas semanas en este mismo espacio cedido por Patricio. Ahora la policía custodia edificios donde se encuentra bien resguardada la cultura, aunque estén vacíos, tengan goteras o grietas, pues lo importante es que están bien cuidadas en caso de que se necesite hacer algún desfile u otro evento cultural de igual magnitud y en sentido contrario (ups).

OTRA SOLUCIÓN

En el afán de proponer y poner a discusión ideas que puedan beneficiar a las mayorías, este tecladista aventura una ideota de ésas que llaman la atención de los head hunters para puestos directivos, ejecutivos, corporativos. Ya que en su proceso de reclutamiento la PFP no tuvo mucho éxito, ni en las calles ni en la Universidad Nacional Autónoma de México ni en las filas del Ejército mismo, quizá sea una buena idea que reclute artistas, académicos, intelectuales (orgánicos e inorgánicos) y trabajadores del sector cultural. Quién quita y ahí está una fuente inagotable de personal altamente capacitado y deseoso de ganar un sueldo base, con prestaciones y toda la cosa. ¿Será?

CURIOSIDADES

Basta de especulaciones. Lo de las goteras en la Biblioteca Vasconcelos no es producto de una megatransa, un megafraude ni de un megadesvío de recursos públicos a la campaña presidencial, al museo de Fox ni a negocios privados ocultos y por descubrir con sólo rascarle un poquititito, no señor, es totalmente deliberado, es para que los huesos de la ballena colgante en el vestíbulo principal no se resequen.

(Publicada en Milenio Diario el sábado 7 de abril del 2007)

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