lunes, 18 de diciembre de 2006

¿De que viven los poetas en Mexico?

David Huerta:
1. Los poetas viven –los que no son rentistas o herederos– de alguna de las siguientes actividades (o bien, combinando dos o más) aun cuando no puedo ponerlas en orden: son maestros, talacheros de la industria editorial (redactores de solapas, dictaminadores), periodistas de todos los géneros, publicistas. Desde luego, una diminuta minoría de los poetas disfruta de becas, y en buena hora. Hay una porción que me resulta de veras intrigante: la de los poetas que no sólo viven, sino que viven muy bien, de ganar premios; cómo lo hacen, lo ignoro, pero se ganan dos, tres o más premios cada año, algunos soberbiamente dotados. En buena hora. Estos últimos son quizás los únicos que de verdad viven de sus versitos; aparte de ellos, los demás vivimos al día, pero eso sí… honorablemente.

2. La poesía sirve en estos tiempos para aclarar la percepción, afinar las ideas, enriquecer los vocabularios, ensanchar la inteligencia. Mallarmé decía que los poetas eran los encargados de darle un sentido más puro a las palabras de la tribu; estoy de acuerdo. La poesía, por otro lado, no sirve para nada, en términos estrictamente económicos o mercadológicos. Es una actividad medio gratuita, que se hace por gusto, por vocación o por placer hedonista. Sirve para defenderse de la estupidez ambiente. Sirve para acercarnos a las cosas y los fenómenos por deseo y alejarnos de lo que nos disgusta con repugnancia, como decía, más o menos, el Lince de Trocadero, José Lezama Lima.

Jorge Esquinca:
1. Vivo de mi salario como coordinador de actividades culturales de la Librería José Luis Martínez del Fondo de Cultura Económica en Guadalajara. Acabo de obtener una beca del Sistema Nacional de Creadores. También ayudan los artículos, reseñas y traducciones que algunas publicaciones encargan y pagan.

2. La poesía no “sirve”, ella –lo dice Franc Ducros– es soberana.

Elsa Cross:
1. Los poetas viven por lo general de algo que no es la poesía. Aunque he tenido la suerte de obtener varias becas, éstas son transitorias, y mi fuente regular de ingresos es la docencia, que puede llegar a ser muy absorbente y confinar a la poesía sólo a las vacaciones o los fines de semana. No entiendo por qué el Sistema Nacional de Creadores no se ha convertido en algo permanente, como el Sistema Nacional de Investigadores, que se renueve mientras que cada artista cumpla con sus proyectos.

2. La poesía sirve para que la gente sea más sensible a su propia interioridad; para que descubra cosas que no sabe de sí misma; para que vea el mundo de una manera más profunda; para que encuentre un significado más rico en cada cosa o no encuentre ninguno, pero descubra la belleza; para combatir la estupidez; para ir más allá de los resultados deportivos. Vemos que en eventos como las Olimpíadas, el año pasado, no hubo muchos deportistas brillantes, pero poca gente sabe que hay muchos poetas mexicanos de primera línea, como los mejores de cualquier parte del mundo.

Francisco Hernández:
1. Actualmente vivo de la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte (Fonca) y de algunos cursos, talleres, publicaciones. Esto en el presente, pero durante 29 años viví de trabajar en agencias de publicidad, como copyrigther primero y años después como director creativo.

2. Los poetas no sirven para nada, como las marchas, aunque en el fondo sí sirven y hay que hacerlas. Lo curioso es que siga viva, la poesía, que se sigan haciendo libros y revistas de poesía, que por todos lados hay talleres y el movimiento continúa. Si no fuera por el sistema de becas seguramente estaría trabajando en el esquema privado de las agencias de publicidad, mismo que dejé por las becas, por la posibilidad de dedicarme por entero a vivir de la poesía, de lo que hago, y sentir lo que era esto.

Eduardo Milán:
1. En los casi 25 años que tengo viviendo en México me mantuve durante muchísimos años colaborando en diarios y revistas, dando cursos y talleres, pero viviendo mal económicamente, porque no tenía ninguna estabilidad. Luego empecé a dar clases y durante alrededor de 12 años impartí cursos en el ITAM, en el Claustro de Sor Juana, en Casa Lamm e incluso algunos cursos en la UNAM, pero me metió todo esto en una dinámica de locura, este tipo de aventura misionera constituía una demencia en una ciudad como ésta, independientemente de que la educación está muy mal pagada.

2. La poesía ocupa una posición difícil en términos de su directa relación con la capacidad de servir para algo, y lo digo porque es un arte que requiere de cierta especialización y su materia es el uso de un lenguaje que implica cierta dificultad, y la sociedad actual está empeñada en una política o una estrategia de banalización o superficialización de todo aquello que de alguna manera implique el ejercicio del pensamiento o del conocimiento. Así las cosas, la poesía está en dificultades a nivel mundial, y en el caso de México se restringe con bastante orgullo y soberbia a circular entre los productores de poesía, es decir, los lectores de poesía son los mismos que la producen.

Víctor Manuel Mendiola:
1. Vivo de realizar trabajo por honorarios. Como todo lo que sé hacer está relacionado con mis lecturas y mi escritura, los servicios que ofrezco son de edición o editoriales. Puedes deducir fácilmente que mi actividad es insegura, pero intensa y gozosa.No puede ser de otra manera, si puedes dedicarte a leer y a pensar..

2. Por fortuna la poesía no sirve para nada. Como ya se ha dicho tantas veces, no es un negocio, pero sí es un ocio increíble alrededor del sentido o sinsentido del mundo. Los siguientes versos de Roberto Juarroz son un ejemplo: “Todo sucede, pero al revés”. La poesía, si puedes preñar a sus musas, te da todo entregándote nada. Siempre es increíble hablar con un poeta, sobre todo, leerlo. Adviertes inmediatamente cómo la comprensión y la plenitud de ese lenguaje que llamamos poesía transfigura el mundo y lo hace mejor.

Eduardo Hurtado:
1. Vivimos “al día, y de milagro... como la lotería”. Andamos, ni dudarlo, a régimen de subempleo, o, lo que es lo mismo, entre la traducción, el magisterio, el taller, el reseñismo y la corrección de estilo o de galeras. De algunos años a esta parte, los más afortunados hemos logrado atenuar nuestras penurias (ante el asombro y la envidia de nuestros colegas en otras latitudes) con esporádicos, milagrosos y muy auxiliadores apoyos del Fonca.

2. A primera vista, para nada. Y esta aparente inutilidad la ha mantenido más o menos a salvo de un montón de coacciones (casi todas relacionadas con la usura y, claro, con los usureros). Bien visto, para lo más esencial: crear mundo, persistir en la esperanza. Cito a Baudelaire y suscribo su opinión, no exenta de sarcasmo: un hombre sano puede sobrevivir algún tiempo sin comer, pero no sin poesía...

Fabio Morábito:
1. Me gano la vida como investigador en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, donde en los últimos años mi actividad principal ha consistido en traducir: estoy por terminar la traducción de la poesía completa de Eugenio Montale, que saldrá publicada en España el próximo año.

2. En cuanto a la segunda pregunta, me gustaría responder que no sé bien para qué sirve la poesía, pero creo que si sirve para algo (y para algo ha de servir, de otro modo se habría extinguido hace mucho), su utilidad es más o menos la misma que ha tenido siempre. Sin embargo, en la actualidad, la comunicación masiva, con su uso cada vez más irresponsable del lenguaje, ha creado un tal batiburrillo conceptual, que la poesía, que es la forma de escucha más atenta, el ejercicio de oído más riguroso, nos devuelve una fe en las palabras que la verborreica exterior ha mermado grandemente. Pero no se escribe poesía para sanar o purificar nada, ni el lenguaje ni el alma. Se escribe porque, sencillamente, nos atrae el peso y la música de las palabras.

Myriam Moscona:
1. He trabajado toda mi vida en periodismo cultural, en radio, en televisión y en prensa escrita. Actualmente tengo una sección semanal en confabulario, suplemento cultural de El Universal y como tantos otros poetas, hago chambas ocasionales que van de comisiones de evaluación, colaboraciones bajo pedido, talleres, charlas, lecturas, además de algunas participaciones en las que como pago te dan un separador de libros o un lindo diploma. El trabajo del poeta tiene un cierto valor en nuestra sociedad, un valor de prestigio, pero no tiene, como en otros oficios y profesiones, un valor de cambio. No es nada raro regalar tu trabajo, regalar tus libros, tus textos, tus lecturas. Existen revistas periódicas del Estado que no tienen presupuesto para sus colaboradores (sólo para sus directores). Alentadores ejemplos, ¿no?

2. La poesía, además de acompañar y darle resonancia a la experiencia de unos cuantos, hace una labor silenciosa e invisible. La poesía oxigena al lenguaje, lo despereza, lo estira, lo contrae, lo hace maleable, lo reinventa. Es, digamos, el área científica de la lengua, en cuyos tubos de ensaye se practican y arriesgan mezclas que mantienen viva no sólo la tradición, sino la vitalidad de ese complejo organismo del lenguaje. La acción de la poesía es la misma que la del corazón: purifica la sangre y la manda de regreso.

Efraín Bartolomé:
1. Desde hace treinta años ejerzo la profesión para la cual me formé: soy psicoterapeuta y la vida me hizo especialista en el dolor emocional severo, principalmente depresión suicida y estados de ansiedad, incluidas sus formas más extremas como la agorafobia, los ataques de pánico, el síndrome de shock postraumático y el síndrome obsesivo compulsivo. Gracias a mi profesión he cumplido con mis obligaciones familiares y he pagado el techo que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago. Mi trabajo me ha permitido comprar el tiempo que ofrendo en el altar de la Poesía y cumplir con los ritos que conlleva: cuidar la Naturaleza, sembrar árboles gloriosos, hacer jardines. Ahora estoy sembrando un bosque de bambú que espero dure por lo menos un siglo. Me gusta sembrar mientras los demás tumban.

2. ¿Para qué sirve la poesía en tiempos de miseria? ¿Para qué sirve la poesía después de Auschwitz, después de Hiroshima, después de Vietnam, después de Chernobyl, después del 11-S, después de todo eso que le han dado los dioses masculinos a la humanidad? Sirve para lo que ha servido siempre: para darle sentido al caos. El nombre del poeta es Caosmos. El poeta invoca a la gran Diosa en nombre de sus hermanos porque la Diosa sólo responde si es invocada con palabras de poeta. El poeta sirve a la Diosa y no a sus hijos caprichudos: ni Mammón, ni Zeus, ni Apolo. Dice “no” al comercio, al claustro universitario, a la oficina del “asesor”. El poeta sirve a Deméter: sin ella no hay vida vegetal y sin ésta no hay vida animal ni vida humana. Sin ella la vida se marchita y todo pierde sentido: incluso la existencia misma de los dioses. La Poesía sirve también para mantener libres de gérmenes las herramientas del pensamiento: cuida las palabras. Produce uno de los placeres más altos a los que puede acceder la humanidad: ninguna droga alcanza a rozar el paraíso como lo hace la Poesía. Sirve también para curar, para dar esperanza, para tocar el corazón de las cosas y para poner en comunión emocional a los seres humanos más allá del espacio y más allá del tiempo. Para eso, entre otras cosas que se me olvidan…

Juan Domingo Argüelles:
1. Publiqué mi primer libro en 1982, hace más de veinte años. En total, he publicado doce libros de poesía. Desde hace más de veinte años vivo del periodismo, el trabajo editorial y la promoción cultural y literaria. Estas actividades me han llevado a otras afines (trabajo actualmente en bibliotecas), pero nunca tuve ni remotamente la idea de que la poesía pudiera ser la responsable de mi sustento material. La poesía permite vivir, pero está muy lejos de ser un trabajo. Prueba de ello es que en el periodismo los artículos, las reseñas, las notas de lectura y con frecuencia hasta las notas de no lectura se pagan (se pagan mal, pero se pagan); en cambio los poemas no los pagan ni en los suplementos culturales. Cualquiera te pide un poema gratis, porque supone que tus cajones o tus libretas o tu computadora están llenos de ellos pidiendo a gritos ser publicados. Un poeta vive como puede; casi nunca como quiere. Lo fundamental es que no viva tan antipoéticamente que ello lo conduzca a dejar de ser poeta.

2. Te respondería más bien para qué sirven los poetas, y lo haría recurriendo a una frase exacta de Jaime Sabines: “¿De qué sirven los poetas? Sirven, como en el mito de Sísifo, para subir la roca que ha de caerse, para sacar la flor de las cenizas, para arrojar del corazón del hombre el desencanto”. Pero, en realidad, la mayor parte de la gente vive tan antipoéticamente que los poetas y la poesía no les sirve absolutamente para nada. El mundo se la puede pasar muy bien sin los poetas y sin la poesía. Y por eso se la pasa tan mal. Bien lo merece.

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