Trans quiere decir ‘en la otra orilla’, o ‘del otro lado’. Esta es la zona de exploración que recorreremos, lo mismo en lo relacionado con el multimedia, el arte electrónico o la transdisciplina escénica y el nuevo circo
Lo trans nos lleva directamente a la práctica de la transfusión, del trabajo colectivo que involucra el intercambio de datos, técnicas, conocimientos y experiencia. Rescato algunos conceptos vertidos por Angel Kalenberg —Director del Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo y Comisario de Exposiciones para la Feria ARCO en el 2003—, para presentar a curadores y teóricos el tema de las Nuevas Tecnologías y Nuevas Formas de Arte:
“Hoy por hoy, la historia y la teoría de arte, en irrefrenable expansión, incorporan nuevos términos, entre los cuales son frecuentes los neologismos: ciberarte, realidad virtual, telemática, interfaz, telepistemología, tyebrowser art, software art, arte auto-generativo, tiempo real, soundtoys, vida artificial, arte fractal, robótica (heredera del viejo Golem), knowbots, nanotecnología, flashers, hacker art, cracker y freacker, net.art, web.art, redes rizomáticas, holomáticos, hipercortex, espacios entrópicos, arquitectura de la cibercepción, web mapping, hipermedia, netmagazines, distopías, computopías y compucronías posmodernas, cyborgs (híbridos y dinámicos), sistemas bióticos, transgénicos, posbiología, etc.”
Lo más destacable, según Kalenberg, no es la cantidad y variedad de términos, sino el hecho de que nacen de una necesidad real, la de nombrar lo que se hace en el arte a partir de la utilización de nuevas herramientas para construir —presumiblemente— nuevos discursos, situando el problema sobre algunas preguntas no resueltas: ¿Quién será el creador en el futuro? ¿Las máquinas disponen de un poder dialógico? ¿Acaso podemos hipotetizar que la máquina llegue a ser algo distinto a un mero artefacto? ¿Seguirá habiendo un creador único para el arte de orden numérico y telemático, con vocación interactiva? ¿Cuáles son los nuevos criterios de apreciación? Y aún más. La problemática del mundo del ciberarte influye no sólo sobre los problemas teóricos y sobre la práctica cotidiana de la creación artística, sino también sobre la concepción de los espacios museográficos, de los modos de coleccionar y conservar las obras, de las formas de difundir, promover y promocionar, incluso debemos decirlo, en las formas de administrar la cultura. ¿Qué tipos de museos requieren las nuevas formas de arte? ¿Requieren museos? Por si esto fuera poco, la complejidad aumenta cuando los artistas comienzan a experimentar ‘en la otra orilla’, cuando brincan los muros de sus especialidades y se internan en el juego de la transfusión, para dejar la unidisciplina y enriquecer su conocimiento con el de otros, el placer de estar y trabajar con otros, como si de una comuna se tratara. Trueques, intercambios, cambalaches, son las palabras que definen a las generaciones actuales.
EL CENTRO MULTIMEDIA Y LOS RETOS PENDIENTES
Después de un proceso inédito en cuanto a la selección de funcionarios dentro del aparato cultural, Tania Aedo fue designada como directora del Centro Multimedia del Cenart (CMM), artista con amplio reconocimiento dentro y fuera de su espacio de trabajo, y con una disposición natural a la horizontalidad en cuanto a la operación de un centro de investigación, experimentación y producción.
El ciclo de 10 años (que se cumple en noviembre próximo) se renueva con una generación de artistas transdisciplinarios que apenas se dan cuenta de su gran poder dentro de la administración cultural actual, dueños de un conocimiento invaluable que los ubica en una posición envidiable para negociar —dentro de este proceso de reestructuración general— una nueva situación contractual y la institucionalización de manuales operativos y calendarios de trabajo, con base en planes anuales y a más largo plazo que no puedan ser redefinidos discrecionalmente, es decir, este centro de alta tecnología tiene la posibilidad de practicar (si los dejan, como dice la canción) una cirugía mayor, estableciendo reglas claras de operación y estatutos que impidan la discrecionalidad y la imposición.
Toca a sus investigadores y artistas, junto con sus nuevos funcionarios —en este caso, funcionarias— poner un alto, todos juntos, a la inseguridad laboral (como en su momento lo tendrán que hacer todos los eventuales que trabajan para el INBA, el Conaculta, el Cenart o el INAH). Y si no, ¿cómo se van a distribuir los 14 millones de pesos del presupuesto anual de la extinta UPX? ¿No sería lógico ordenar la situación jurídico-laboral-contractual de una treintena de personas que se han formado y especializado en los útlimos diez años, y resguardar que todo ese conocimiento colectivo no se vaya a ir a otro lado por falta de seguridad?
lunes, 18 de diciembre de 2006
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