lunes, 18 de diciembre de 2006

Oaxaca extraoficial en el Pasaguero

Con la participación de 17 artistas radicados en Oaxaca, se inauguró la exhibición de fotografía, cerámica, instalación, graffiti, pintura y video, en el bar-galería de Ricardo Pandal ubicado en Motolinía 33, en pleno corazón del Centro Histórico

Solía suceder que la invocación de lo oaxaqueño para el montaje de una muestra, en términos artísticos, trajera consigo malos resultados: mucho espíritu y buena vibra pero baja calidad; quizá por ello es más que gratificante la exposición Oaxaca extraoficial, una muestra contundente de que buena parte de la comunidad artística que radica en Oaxaca se ha liberado de la “oficialidad”, el acomodo, o como se le llegó a llamar, “la milanesa” (por la tendencia casi obsesiva de sus pintores a utilizar arenas y texturas coloridas), para sentar la base de un movimiento cultural con múltiples expresiones que crece y se multiplica.

Pero no sólo la muestra es una revelación y un logro en términos de curaduría, museografía y logística (pues se dio un arreglo para que la mayoría de los artistas se quedaran en el Hotel Virreyes, centro operativo de la Fundación del Centro Histórico), sino en la consolidación de un espacio como el Pasagüero, cuya ubicación y ambientación propician el goce de las piezas. Muchos intentos se han hecho para implantar el modelo de bar-galería, pero es la primera vez que funciona tan bien, amplios espacios, techos altos, una entrada de 20 metros, un lounge al fondo del lugar, ventilación y frescura suficientes, una plataforma de exposición concentrada en facilitar la vida a los visitantes.

Compuesta por una veintena de piezas y curada y museografiada por Guillermo Roel, la muestra ofrece los trabajos de Alberto Ibáñez, Antonio Turok y Alejandro Echeverría (fotografía), Adán Paredes (cerámica), Yolanda Gutiérrez (instalación), Ana Santos (graffiti), Guillermo Roel (pintura y video), Demián Flores, Fernando Aceves, Guillermo Olguín, Jonathan Barbieri, Juan Graf, María Rosa Astorga, Mauricio Cervantes, Pablo Luzardo y Raúl Herrera (pintura).

Parte de este conjunto de artistas puede verse como un núcleo que ha venido trabajando en paralelo al desarrollo de un movimiento cívico de resistencia y propuestas que tiene varios años en acción, y que se ha apoyado –y a su vez ha sido soporte– en la red cultural creada y sostenida por Francisco Toledo, es decir, este grupo diverso y variado, con intereses distintos y un aprecio mayúsculo por todas las artes y las culturas de todo el mundo y en especial de Oaxaca, es como un imán que durante los últimos 10 años ha consolidado la infraestructura creada a partir de la fundación del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), a la que se han sumado el Museo de Arte Contemporáneo, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo, el Cineclub El Pochote, el Taller de Papel y el recientemente inaugurado Centro de las Artes de San Agustín Etla.
Podría parecer menor el esfuerzo si se toma en cuenta la infraestructura instalada en la Ciudad de México, Guadalajara o Xalapa, por mencionar tres ejemplos, pero no lo es si se recuerda que ha sido creada y financiada casi exclusivamente por un artista y la red de colaboradores que lo ha acompañado en estos años.

Por todo esto la exposición cobra una dimensión mayor, porque es una excelente muestra de trabajos, porque este grupo de artistas se conoce muy bien a sí mismo, porque comulgan en el interés mayor de impulsar desde Oaxaca una liberación de las modas comerciales y los clichés que tanto dañaron a los artistas oaxaqueños, porque operan como una red cívica que lo mismo festeja que hace tequio, porque son una comunidad que empuja para que se implante una verdadera institucionalidad en ese rincón de México que se parece tanto a otros rincones, con los mismos atrasos y las mismas reticencias a evolucionar y dejar atrás los cacicazgos, lo mismo en la política que en la cultura.

“El hecho de que en plena convulsión social de la entidad oaxaqueña se presente esta muestra –escribe Fernado Gálvez de Aguinaga en el texto de sala y catálogo–, nos hace ver que también el ámbito intelectual y artístico está proponiendo nuevas formas de expresión ante una realidad cambiante y que de golpe se ve insertada dentro de la globalidad depredadora… Vaya pues esta reunión de diferentes estilos y propuestas, como un grito refrescante de una sociedad oaxaqueña, que también en materia de arte, está viviendo una gradual revolución. El título y subtítulo de un libro en torno a la escena cultural oaxaqueña que publicara la historiadora de arte Selma Holo bajo el sello del Smithsonian define esta situación con certeza de aforismo: Oaxaca ante el cruce de caminos; manejando la memoria, negociando el cambio”.

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