lunes, 18 de diciembre de 2006

Edward James y su escalera anaranjada

Lo más asombroso no es la historia de su mecenazgo del surrealismo, ni su patrocinio a Dalí, Magritte, Dylan Thomas, Stravinsky, Breton, Brecht o Kurt Weil, por mencionar sólo algunas de las personalidades que gozaron con su conocimiento, su delirio por el arte y su locura por no ser jamás un hombre como los demás; lo más impresionante no es su alucinante colección de cuadros de Picasso o el hecho de ser nieto por parte de su madre del rey Eduardo VII y de un multimillonario norteamericano por el paterno, ni su fortuna exorbitante o el hecho de que los custodios de su riqueza tuvieran que quitarle, literalmente, gran parte del poder sobre sus decisiones financieras antes de que lo dilapidara todo; no, lo realmente revelador de una naturaleza humana sobrenatural fue, es, el complejo de edificaciones que levantó en medio de la selva, en la Huasteca potosina, en Xilitla, a partir de 1949 y hasta el día de su muerte, en 1984.

En La escalera anaranjada, Jaime Moreno Villarreal traza una línea de flotación para aproximarnos al Edward James menos conocido dentro de la historia interminable del surrealismo en México, el que patrocinó en los años treinta a la mítica revista Minotaure y en los sesenta a la revista S.Nob, dirigida por Salvador Elizondo, en la que publicó la crónica “Cuando cumplí cincuenta años” (1962), donde relata su experiencia fallida –por no decir pesadillezca– al ingerir hongos alucinantes en el Hotel Majestic, en el centro de la Ciudad de México.

Moreno Villarreal se confirma como un escritor híbrido y dotado para el ensayo poético y el relato de viaje. Como lo calificó Fernando Gálvez durante la presentación del libro en el IAGO, en Oaxaca, Jaime Moreno nos entrega un libro que cae parado en cualquier zona de una buena biblioteca, pues lo que escribe se deja leer con igual fortuna como poesía, como relato, como ensayo o crónica de viaje, como biografía o diario de batalla.

Edward James llega a México en 1944 –se puede leer en estas páginas–, se establece brevemente en la ciudad de Cuernavaca pero su espíritu viajero lo lleva a recorrer todo México. En uno de sus viajes, James llega a Xilitla y queda deslumbrado por el paisaje y la exuberancia. Al bañarse un día en una de las pozas naturales del lugar, una cortina de mariposas se suspende ante sus ojos, y James siente que ‘es una revelación’. Decide construir allí su propio paraíso fantástico, donde las frondas y copas de los árboles servirán como pantalla de cine, y donde las escaleras tienen la osadía de llevar a ninguna parte. Pero no construye una, ni dos ni tres casas, sino que su imaginación y sus recursos, sin mencionar ya su locura creativa, lo llevan a levantar 36 edificios distintos y, cosa curiosa, a abandonarlos uno tras otro para cederlos a los animales, con quienes cultiva relaciones mágicas, de amistad y respeto.

Para la edición, que fue ilustrada con diez obras del maestro Rodolfo Zanabria –y en la que participó intensamente el poeta Ernesto Lumbreras, editor de Aldus–, se agregaron como otros escalones de lectura algunos pasajes, testimonios y anécdotas de los amigos cercanos de James, a propósito de su locura o del sitio mágico de Xilitla.
Nada mejor para ilustrarnos sobre este personaje de antología y sobre su espacio arquitectónico-escultórico-botánico:

“Una larga avenida, bordeada de árboles frutales, conducía a la Casa de las Fieras. De vez en cuando, caía al suelo un pesado fruto. ¡Ploc!” (Leonora Carrington).

“…el sueño dominante en la vida de Eduardo desde su más temprana memoria –el sueño de una secreta ciudad amurallada a la cual puede mágicamente escapar” (Philip Purser).

“De vez en cuando, yo almorzaba con Dalí en la Rotisserie Périgourdine, en la plaza Saint-Michel. Un día me hizo partícipe de una proposición harto curiosa. –Quiero presentarte a un inglés riquísimo, muy amigo de la República española, que desearía ofrecerte un bombardero”. (Luis Buñuel)

“La escalera se ramifica indefinidamente. Conduce a una puerta de haces de heno, se abre de pronto sobre una plaza pública. Hecha de dorsos de cisnes una ala abierta para el pasamano. Gira sobre sí misma como si fuera a morderse”. (André Breton)

La escalera anaranjada levanta los ánimos de quien la lee porque se muestra como una imagen clara y nítida de un Xilitla que es todo México, de James y del propio Moreno Villarreal, fascinados con las historias dentro de la historias, movidos por la fantasía que habita entre los árboles de un país que no conocemos y que nos rodea todos los días. La prosa de Jaime se une al deseo de saber más, de ver más, de conocer más sobre este ‘Minotauro en su laberinto’ fantástico que dejó en pocas palabras un rasgo de su personalidad: “Y los fantasmas de los pájaros que he amado, me acompañarán, cada uno un amigo; como ellos habré alzado el vuelo más allá del reino de las palabras”.

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