En una entrevista con Peter Greenaway, el cineasta, arquitecto y pintor nos decía que el multimedia y la multidisciplina eran para los artistas actuales como un ejercicio del retorno, como “volver a casa”, pues se recuperaba la condición olvidada que habíamos vivido en el Renacimiento, con la diversidad de habilidades y técnicas. En este orden de ideas, alrededor de 30 personas se sumerjen todos los días entre microcircuitos, sensores y dispositivos diversos –con un presupuesto que sorprende por su austeridad– dentro de los siete talleres del Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes (Cenart): Gráfica Digital, Audio Digital, Investigación, Interfases Electrónicas (que incluye robótica), Sistemas Interactivos, Imágenes en Movimiento y Realidad Virtual (www.cnca.gob.mx/cmm/ ).
Lo que se ha logrado con tan poco es síntoma de que las T(ecnologías de la) I(información) han generado una democratización de las herramientas, gracias a lo cual infinidad de artistas han sido apoyados, ahorrándose millones de pesos en servicios, asesoría y respaldo técnico. La discrecionalidad no ha estado lejos en muchas ocasiones, producto, como se ha dicho hasta el cansancio, de la falta de marco jurídico del Conaculta. Sólo el tema de ‘servicio profesional de carrera’, que incluye experiencia sobrada y comprobada en el campo al cual se aspira a conducir o dirigir, es una espina en el zapato de la actual administración cultural. El caso Dolores Creel ha movido el tablero —o debíeramos decir, la tablita— de los intereses de amigochos y amigochas en el aparato cultural, y no sería extraño que se den o se intenten dar cambios a discreción en la dirección de este centro y/o de otros. Este centro nació en noviembre de 1994, con la inauguración del Cenart, y desde entonces el trabajo ha estado marcado por el vértigo y la adrenalina, la satisfacción y la decepción, la paciencia y la desesperación que ha llegado sobre todo por las indefiniciones en términos contractuales. Del equipo humano original quedan Alejandra Gilling, actual directora, Tania Aedo, subdirectora académica y Humberto Jardón, a cargo del Taller de Gráfica Digital, pero son muchos los que llevan 5, 6 y hasta 8 años en combate.
Humberto Jardón, la experiencia como escuela
“En Multimedia o creces o truenas –señala Jardón–, aquí la gente se ha formado con los manuales, los cursos vinieron después, porque antes nunca había existido un centro así. Tan sólo el Taller de Gráfica Digital ha apoyado unos 200 proyectos. Yo defiendo este centro a capa y espada porque me tardé 20 años en encontrar el lugar donde quería estar. El mismo trabajo tan extenuante a veces ha logrado algo que hoy aquilatamos, el trabajo en equipo, la solidaridad y el compañerismo. Lo que nos falta es hacernos fuertes a través de la comunidad artística. Hay quien dice que el nombre multimedia ya le queda chico a lo que se está haciendo en estos tiempos, yo prefiero el término que utiliza el Consejo de la Investigación Nacional en Estados Unidos, que es Prácticas Creativas con Tecnologías de la Información. Lo cierto es que los géneros se han abierto a la Física del Espacio, a la Microbiología o la Astrofísica, es decir, todo esto es susceptible de convertirse en una obra de arte gracias a las Tecnologías de la Información”.
Para este artista pionero en la gráfica digital, el asunto de la difusión sigue siendo un reto a vencer, pues prácticamente fuera de ciertos círculos poca gente conoce el centro y sus proyectos. “Un punto más a destacar es el dinero que se han ahorrado los artistas al venir aquí; sólo como un ejemplo, por cada 50 megas que te escanean en un centro privado te pueden cobrar unos 500 pesos, imagínate lo que se ha invertido en ese sentido para apoyar a los artistas, donde se ha escaneado y retocado miles y miles de imágenes, sin contar las impresiones”.
Gilling: Kalispherion 2004 y Ricardo III
“La importancia del centro –señala Alejandra Gilling, su directora– tiene que ver no sólo con la capacitación y apoyo sino con la formación de artistas en el uso de estas nuevas tecnologías y en términos conceptuales”. Sobre los retos a enfrentar apunta que “el centro debe posicionarse como un espacio de excelencia en las áreas que ya dominamos, pero sobre todo en lo que respecta a la investigación, porque en México carecemos de especialistas. Lo más importante es que se ha logrado como nunca antes la interdisciplina, es decir, ahora los proyectos que se aprueban año con año son el resultado de trabajos colectivos, hemos dejado atrás los proyectos por departamento o por disciplina única. Queda claro que todos los que trabajan aquí lo hacen por amor al arte, no por los sueldos”.
De los proyectos en puerta menciona dos, el concierto escénico aéreo de música experimental y contemporánea Kalispherion, a realizarse los días 3 y 4 de abril (sábado a las 22:00 horas y domingo a las 21:00 horas) en la Escuela Nacional de Arte Teatral del Cenart, y para noviembre Ricardo III, espectáculo que servirá para celebrar los 10 años del mismo, en el que participarán todos los talleres de Multimedia con base en una ópera creada ex-profeso por el compositor Marcelo Gaete, jefe del Taller de Audio y también director artístico y uno de los motores del Kalispherion, junto con Minerva Hernández, productora general y directora visual, y Andrea Peláez, coreógrafa (y directora de la compañía Cirko de Mente), mismos que participaron en la fiesta ‘Noche de Primavera’ en el Zócalo capitalino el 20 de marzo pasado, ante cerca de 150,000 personas, con el espectáculo Simetría del Tiempo.
Tania Aedo, investigación como punta de lanza
Subdirectora Académica y artista visual ampliamente reconocida, Tania Aedo resume su experiencia de diez años: “El centro tiene tres funciones principales: apoyar proyectos a través de la convocatoria de residencias; generar proyectos de investigación y experimentación; y de formación; el complemento de las tres está dando resultados cada vez más abundantes con la creación de piezas, conciertos, exposiciones, instalaciones sonoras, por mencionar algunas. Un punto a destacar en estos diez años es la conciencia de que la tecnología es muy importante, pero lo crucial es el conocimiento adquirido y generado por el grupo para la solución de los problemas concretos de los artistas, es decir, en este centro se han formado campos de conocimiento que no existían, luego se ha trabajado en la consolidación y ahora estamos viendo los resultados. Son pocos los artistas que hoy no utilizan medios electrónicos”.
Participante también en el espectáculo Kalispherion, Aedo ubica en estos tiempos nuevas discusiones para demostrar la importancia de los artistas, los creadores y los científicos en la construcción de nuevas visiones del mundo: “Uno de los retos que tenemos por delante es la relación con otros centros de experimentación de todo el mundo donde es muy común que estén en entornos académicos y que el universo científico se relacione con mayor consistencia con el artístico. Es fundamental que los científicos mexicanos vean los beneficios de relacionarse con los artistas y abrir el trabajo de investigación a otros entornos académicos, pues si aquí ha funcionado la mezcla es evidente que tendría mucha mayor fuerza cuando logremos la fusión con la ciencia. Veo este centro y otros parecidos como campos de cultivo donde las ideas más importantes están en juego, y pienso que no podemos dejar de lado que los otros especialistas que deben involucrarse con mayor fuerza son los filósofos, como soportes teóricos de lo que se está discutiendo”.
lunes, 18 de diciembre de 2006
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