Para Eduardo Hurtado, por una ciudad sin puertas
Decía hace una semana en este espacio que la oferta principal del presupuesto, al menos en lo que toca a cultura y seguridad, es el blindaje, una especie de caparazón más propio de quien espera muchos golpes o una caída abismal, que de quien propone algo para dar un paso hacia un mejor punto, aunque sea de vista. Para lo que viene, mejor cuidar, resguardar, contener, ajustar, comprimir, oprimir y, esperemos que no, reprimir.
¿Cómo entender o aceptar si no, que se destinen recursos multillonarios al pago del rescate bancario, a las deudas contratadas por unos cuantos a nombre de todos, a la alta burocracia que administra como si la lana fuera una herencia familiar, al despilfarro de los legisladores y de los sindicatos charros, a las policías corrompidas por el crimen organizado, a los erarios estatales que tienen salida directa a las cuentas privadas de los gobernadores, a los fideicomisos que aparecen y desaparecen como por ensalmo? Que se callen los mudos.
VELA, VELA, VELA, VELA, VELA...
Como lo ha hecho en sus artículos y desplegados durante este año que termina, Eduardo Hurtado señala con sobrada inteligencia que el que calla otorga, será por ello que tanta gente ha respondido a sus convocatorias cuando dice algo, cuando hace algo para mostrar vías de participación desde la cultura y, particularmente, desde la literatura. No es el único, ciertamente, lo han hecho con tino y agudeza Luigi Amara y Carlos Montemayor, Fernando Gálvez y Víctor Hugo Rascón Banda.
No hace falta ser militante de nada, ni aliarse con nadie, ni lanzar consignas acartonadas o de sumarse a otros proyectos por anticipado, es un asunto de posición, de congruencia. Sergio Vela puede convertirse en una punta de lanza, pero serán su decisión y su toma de posición las que definan el rumbo. Lo que haga la administración cultural, hoy más que ayer y menos que mañana, será escrutado y debatido ampliamente entre quienes hacen y consumen y promueven y difunden la educación, la ciencia, el arte y la cultura. Será difícil –si no suicida–, creer que se pueden cometer más errores en estas áreas básicas del desarrollo humano. ¿Quién quiere quedarse callado?
ALZAR LA VOZ
Monsiváis reincide por el bien de todos y no deja pasar la oportunidad para plantar un árbol de decisiones, frente al golpe burocrático al ‘sector’ cultural y el milagroso incremento en los recursos públicos para el sector ‘policiaco-militar’, al entender con esto que se protegerá mejor a los amplísimos y crecientes públicos que suscitan las actividades culturales: más policías para salvaguardar las libertades de quienes ‘consumen’ arte y cultura en México.
Yo agregaría un grano de arena a esta palada, proponiendo que quienes producen la cultura (para ser más tecnocráticos y claros), se conviertan mejor en público, así tendrán más protección del Estado y podrán dedicarse a cosas menos riesgosas.
YO NO OLVIDO EL AÑO VIEJO
Se fueron amigos y enemigos, familiares y conocidos al tiempo que llegaron nuevos elementos a engrosar las filas de la esperanza, que siempre estará por llegar (o cuando menos tocará la puerta de vez en cuando). Se fueron a la cárcel muy pocos de los que debieran y muchos de los que no deberían (y para quienes seguiremos exigiendo libertad). Callaron muchos frente a las evidencias para mantener privilegios, mientras muchos más alzaron la voz y la mantienen, aunque a veces digan poco.
Se destaparon infinidad de coladeras que siguen abiertas, confirmando la regla de oro de la impunidad contemporánea: si quieres evadirte sólo lleva tu caso a la vitrina pública, todo se olvidará con el siguiente escándalo. Se anunció la construcción de una base espacial en la Luna para el 2020, como si la invasión a Irak no fuera una misión diseñada por lunáticos, marcianos y alienígenas esquizofrénicos. Se fue el 2006 y con él un año desgastante y de retrocesos. Ojalá hagamos honor al dicho y sepamos crecernos al castigo.
HOMONIMIA
Hace unos quince años leí por casualidad un artículo de Alfonso Reyes sobre la homonimia (o lo que es lo mismo, que otros 45 pelados tengan el mismo nombre que uno, o sea, que usted o yo). No recuerdo dónde y en qué año se publicó, pero pude entender su sorpresa cuando lo confundieron con un noble español durante un viaje en tren que hizo a esas tierras, y lo trataron como a un verdadero príncipe (como si él no lo hubiera sido), claro, él se abstuvo de señalar el error y gozó, como lo hizo siempre, con las buenas cosas que da la vida.
Digo que lo entendí, aunque en sentido contrario, cuando una mañana vi mi esquela en las primeras planas de todos los diarios: ¡Murió Alejandro Ortiz! Pude sentir una brisa fría rascándome las orejas. En otra ocasión leí que Alejandro Ortiz había conectado su enésimo Home Run en la Liga Mexicana de Béisbol, y sentí orgullo, una especie de cosquilla debajo del pantalón. Ni qué decir del Alejandro Ortiz que fue detenido por el presunto homicidio de 4 miembros del Frente Democrático Nacional en 1988 y pasó 8 años en la cárcel, hasta que se demostró que era inocente, o el Alejandro Ortiz que fue aprehendido (y al parecer sigue preso en el penal de Tlacolula) en los operativos recientes en Oaxaca, o el otro Alejandro Ortiz que es profesor e investigador sobre teatro mexicano, o el Alejandro Ortiz que prepara martinis con epazote en la cantina El Marasmo de Juana, en Tepic.
Me han pasado algunas cosas buenas y otras no tanto por este asunto de la homonimia, pero debo admitir que la más sorprendente fue cuando se me presentó en el bar El Central, en Oaxaca, un Alejandro Ortiz escritor, periodista y diseñador (yo no diseño mal, pero no soy diseñador), y me dijo que tenía varios cuates que también eran cuates míos. Si no lo hubiera visto frente a frente (él bajito, yo medio alto, él gordito, yo no tanto, él con lentes, yo sólo con gafas y de vez en cuando), hubiera pensado desde entonces que tengo un clon.
Pero no, somos dos y bien distintos, por eso si leen alguna vez artículos con mi firma sobre depilación láser o wellness, o dietas macrobióticas combinadas con rayos ultravioleta, o sobre los mejores sitios para el reventón en Aguascalientes, quiero dejar en claro de antemano que no soy yo.
miércoles, 3 de enero de 2007
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